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sábado, 17 de octubre de 2015

ANALISIS DE EL MINISTRO Y YO.


República Bolivariana de Venezuela. Ministerio del Poder Popular para la Economía, Finanzas y la Banca Pública. Escuela Nacional de Administración y Hacienda Pública (ENAHP - IUT). Sede Los Cortijos. Curso de Especialización en Administración de Aduanas y el Comercio Exterior (PEGACE) Número 81. Cátedra: Régimen Aduanero. Profesor Julio Carrasana. Alumno: Alejandro Margione.


ANALISIS DE EL MINISTRO Y YO.


Tengo el placer de analizar este documento fílmico que es la exhibición del talento de quien, en palabras de Charles Chaplin, fuera conocido como “el mejor cómico del mundo”. Su base espiritual religiosa católica (hábilmente disimulada y hecha digerible), su discurso socio crítico (que incluye la crítica de las posturas críticas) y su hábil e inteligente descalificación de las posturas sociales afectadas, falsas e inhumanas le han granjeado la simpatía de decenas de millones de personas a escala mundial. Por mí parte resalto su inmensa capacidad para la concentración de información de alta calidad en lo que parecen tonterías más bien para las personas mayores (craso error, pues en el suyo es intelectualmente elevado el discurso). La escogencia por parte de la cátedra de este contenido para lograr el análisis de la veracidad sociológica profunda es un excelente atino por parte de la cátedra al que deberemos sacarle provecho analizando que se dice en este material del año 66 que refleja tan profundamente tanta realidad de la sociedad latinoamericana.

Para esto deberemos comparar a este monumento del arte con nuestros discretos conocimientos legales atendiendo al tratamiento a los objetivos ideales de la norma venezolana descritos en:
1.       El Art. 141, sección segunda del Título IV de la Constitución Nacional de la República Bolivariana de Venezuela de 1999 (en adelante CNRBV99) que reza así: “La Administración Pública está al servicio de los ciudadanos y las ciudadanas y se fundamenta en los principios de honestidad, participación, celeridad, eficacia, eficiencia, transparencia, rendición de cuentas y responsabilidad en el ejercicio de la función pública, con sometimiento pleno a la ley y al derecho”.

2.       Y el Art. 10, Titulo II Principios y bases del funcionamiento y organización de la Administración Pública, que declara: “La actividad de la Administración Pública se desarrollará con base en los principios de economía, celeridad, simplicidad, rendición de cuentas, eficacia, eficiencia, proporcionalidad, oportunidad, objetividad, imparcialidad, participación, honestidad, accesibilidad, uniformidad, modernidad, transparencia, buena fe, paralelismo de la forma y responsabilidad en el ejercicio de la misma, con sometimiento pleno a la ley y al derecho, y con supresión de las formalidades no esenciales. La simplificación de los trámites administrativos, así como la supresión de los que fueren innecesarios será tarea permanente de los órganos y entes de la Administración Pública, de conformidad con los principios y normas que establezca la ley correspondiente”.

3.       El Art. 30 de la Ley Orgánica de los Procedimientos Administrativos, Título II De la Actividad Administrativa Capítulo I Disposiciones Generales (en adelante LOPA) que reza así: “La actividad administrativa se desarrollará con arreglo a principios de economía, eficacia, celeridad e imparcialidad. Las autoridades superiores de cada organismo velarán por el cumplimiento de estos preceptos cuando deban resolver cuestiones relativas a las normas de procedimiento”.

Así que no queda más que abocarse a la tarea.

El Sr. Melgarejo (representado por Mario Moreno, apodado “Cantinflas” profesionalmente) trabaja de “evangelista” (es decir de amanuense privado, figura común en sociedades donde abundan los trámites y la gente poco dada a la lectura como las latinoamericanas, lo que lo hace difícil de explicar a los ciudadanos de naciones largamente alfabetizadas como el Japón o Islandia por poner los casos extremos) en una empresa de escritores profesionales. Discreta y humanamente resuelve multitud de asuntos de todo tipo a diestra y siniestra y pone por escrito miles de cartas donde se pone en la posición de “sentir lo que ellos sienten” (empatía). Un ejemplo perfecto de la mentalidad de mercantilismo viva dentro de una práctica moderna de capitalismo no asimilado ni aclimatado (como todo México) es el detalle de la máquina “gringa, traída de contrabando” (muy reveladora de la actitud prevaleciente en esa época y en cualquier época en Latinoamérica, donde aunque nos duela reconocerlo, las distorsiones de nuestro sistema económico llevan a muchos a ver, como lo hacían los mantuanos antaño, el contrabando como una necesidad y de facto como un derecho que tienen contra la autoridad inútil y despótica… usos contra legem muy difíciles de rebatir) que le permite estar a la cabeza de la productividad con la mejor tecnología y de paso cobrarle más a la gente tomándose libertades con su producción (nótese que aquí está el embrión de su postura de cumplimiento de las leyes citadas arriba, pues “el evangelista”[i] asume que su razón de ser es la productividad, pues trabaja en un mercado que no controla así que si no trabaja no come) y con el tiempo de la compañía, algo notable considerando que solo los trabajadores top se pueden tomar los gustos de llegar a la hora que quieran y resolver como enviados del cielo problemas a los que la mayoría les escurre el bulto[ii]. En parte y porque le escribe a gente que no sabe leer eso le permite decidir autónomamente a su real gana, aunque se le muestra como un ser de gran corazón (el episodio de la señora que confunde filatelia con malestar y el de la “trabajadora doméstica liberada se dice ahora” no solo son cómicos sino que implican un gran corazón de verdad y nos ganan a Melgarejo.

Su relación con la señora de la casa (nótese el interesante número con el aparente indigente que al final resulta ser un estudiante universitario y al que amenaza con echar de la casa contándole al padre de este que es un vago y que está con juntas de esas de los años 60…), con la que canta excelentes números de zarzuela[iii] le lleva a una intervención casual con su compadre para lograr la solución de una problemática planteada por la creación de un proyecto público que implica remover a cientas de familias de sus casas (nótese que Mario Moreno no discute el proyecto en sí, sino al intermediario que se quiere pasar de listo pagando una suma que se sospecha misérrima por debajo de los precios ya de por sí regulados a los vecinos que deben irse, precios regulados que los vecinos no conocen dicho sea de paso y de los que deberían ser informados rutinariamente…). Para esto entra en contacto con el mundo de la burocracia ministerial (de inmediato uno piensa en el Centro Simón Bolívar…) como si fuera un ciudadano cualquiera y desde una ingenuidad absoluta siendo pateado a diestra y siniestra por toda clase de funcionarios abusadores de todo tipo.  Hasta que al final hace algo poco frecuente, tal cual es escribirle una misiva muy bien fundamentada al ministro[iv] la cual logra, con su famosa forma de expresarse, hacernos reír y de paso conocer algo fundamental sobre la psicología del latinoamericano, y en especial de funcionario, tal cual es su tendencia a decidir sobre la base de impresiones personales y no en forma objetiva, calculadora y precisa; lo que dicho sea de paso impide la creación de burocracias weberianas precisas, donde los ascensos se hagan por meritocracia pura (que frecuentemente queda reducida a la condición de mera mofa). No por nada el proyecto de Corporación Mexicana de Corporaciones Mexicanas se llamaba “La COMECOME”, nombre genial para resaltar la expansión del burocratismo (cáncer de la oficina caracterizado por la dilapidación de recursos en infinita cantidad de mangantes que no pueden científicamente explicar que hacen allí) y a la que de inmediato apodan “La TRAGA TRAGA”, nombre perfecto para muchos proyectos sin pies ni cabeza y que solo pierden dinero por todos lados.

Al llegar al ministerio el escenario (notable la comparación con la Civitas Dei invocada en los textos legales de arriba, donde todo responde a la Norma Racional y Objetiva y por ende a la Ley[v] [vi] y de hecho una inmersión en el mundo de la pequeña politiquería mezquina, la Civitas Diaboli[vii]) donde lo usual es la falta completa de los valores que harían posible la práctica necesaria para basar los ideales sitos al principio (y que son tan frecuentes en nuestras legislaciones), como la competitividad, la proactividad, la dignidad, la eficiencia y la eficacia, la humildad, etc.[viii]. Y cuando ingenuamente parece que le van a resolver “en menos que canta un gallo”, no solo no resuelve, sino que de hecho ni siquiera logra saber dónde se supone que debe llegar[ix]. Cantinflas asume el personaje del pueblo al señalar “¿Por qué no se fijan?” en el brillante diálogo en el que repregunta al primer oficinesco, quien parece estar en contacto con seres de ultratumba para poder recordar donde queda una simple oficina (al cuerno la eficacia, la eficiencia, la atención oportuna, la valoración del tiempo ajeno, el valor económico del tiempo, etc.)… Lo mismo vuelve a ocurrir con las secretarias que están dedicadas a estar bonitas (momento que el personaje aprovecha para piropear y lograr que lo atiendan) sin que eso acarree mejores resultados. La escena con el hombre gordo es de antología pues al final es la solidaridad social (y el azar) el que logra que el señor consiga llegar a donde quiere y encontrarse con una lista de requisitos que parecen una solicitud para emigrar a un país xenófobo y no el ejercicio de un derecho local (poder burocrático 1… poder popular 0). La visita final al departamento de quejas revela la grotesca incapacidad (Kafka no lo hubiera hecho mejor, de hecho no lo hizo) del sistema para atender a la gente pues se basa en el principio de que la administración se cubre a si misma[x] además del detalle de que la gente no está siendo considerada para lograr la retrorrealimentaciòn del proceso productivo (porque la burocracia pública es ante todo un proceso productivo y si algo no produce se debería suprimir).

Al final llega el punto clave del desarrollo de la obra, que es la carta enviada al Ministro, en la cual la sustentación logra llamar la atención de este. Un elemento casual (las estampillas) logra que el hijo del cartero (Melgarejo) se luzca y de paso caiga en gracia, lo que lo saca de la economía informal a la burocracia del estado, simplemente a dedo. El hecho es que unos 50 años después de la Revolución Mexicana los viejos valores señoriales estaban en su apogeo. Es interesantísima la explicación en lenguaje popular de cómo funciona la ley de la oferta y la demanda[xi]. De nuevo se ve como en la mentalidad del mexicano prelan las conexiones, los amigos y el poder; más allá de la productividad.
El personaje no es un gil total como dirían los sureños. Y lo podemos ver en la escena del choque que nos revela como la solución de facto de los problemas evade las soluciones de jure (lógico si la burocracia no atiende a la velocidad y precisión y consideración adecuadas)[xii] en donde se soluciona “por fuera” en minutos a desmedro de la autoridad, que no tiene nada que decir. Otro ejemplo perfecto es el de la carta mentirosa enviada para hacer quedar bien a la “trabajadora doméstica liberada”, que sirve como punto de comparación notable con la clase parásita corrupta que medra en las burocracias mal atendidas, donde el personal está para hacer masa política y repartir dinero a manos llenas (lo que explica su actitud de personas de pecera separadas de la realidad).
Al llegar a la oficina de personal nos hallamos con unos personajes de carácter dickensiano, pero que a diferencia de los geniales productos del inglés, se dedican a presumir (uno sospecha que en lo interno necesitan a las colas de clientes para que adulen su ego). Finalmente es enviado abajo “como todos” (pero sabemos que ciertas condiciones aplican) y conoce el archivista, quien hace un papel muy modesto pero esencial en la trama pues él es el que se encarga de dar la cara en realidad por todos, pero nadie le agradece y tiene la jerarquía más baja… Nótese que siendo hombre cose (como una mujer, en aquella época los roles de género eran más rígidos aún) los expedientes para que no se pierdan… Un ejemplo de esto lo vemos en la patética figura del archivo donde básicamente se mandan los expedientes a dormir hasta que son quemados al final (¿Cuánta historia latinoamericana se perdió y pierde allí cada día?).

Allí nuestro héroe pone orden casi como un Enviado del Cielo (el papel subyacente a muchos personajes de Cantinflas, lo que significa que el rol descrito en la CNRBV99 no se lo tienen que leer sino que lo asume naturalmente por su estructura de personalidad) a la velocidad de los dibujos animados (de seguro haciendo reír)… ¿Cuántos expedientes permanecen engavetados así por décadas (me hace pensar en La Defensora del Pueblo hace pocos años solicitando el derecho de destruir, léase quemar, cientos de miles de expedientes por causas criminales sobre la base de que habían prescrito, incluyendo toda clase de abusos contra las personas y la propiedad… Eso pasó desapercibido, pero…

Cosa lógica cuando la razón de ser de la ley no escrita es la exaltación del grupo en el poder (la forma en que el Ministro reacciona cuando llama el presidente es de antología[xiii]) como se ven en las preguntas de “el alcalino”. También la señora de la casa le dice que “eres un burócrata, no trabajes demasiado”, lo que indica que hay un acuerdo tácito social y que todos piensan así, menos los pocos que se echan al país al hombro y no saben vivir de otra manera (de nuevo la relación entre la ley y los valores, hoy día mecanismos como SIDUNEA permiten reducir el espacio para la creación de auténticos grupos de vividores como estos por esa vía). También se refleja la forma en que Cantinflas entiende la ética personal (Sra. Casera: “Lo dejó por otro”. Cantinflas: “Me dejó por otra”…). Si bien el personaje no es homofóbico, si es un hecho de que la ética de este es coherente con la necesidad de una regulación de los valores y estilo de vida de cada uno (el estudiante que parece un indigente viene a la memoria). Lo mismo se ve en el caso de la jubilación del Sr. Romerito (el archivista) que tenía décadas represada… ¿Si al hacerte indispensable fomentas la manguangua a tos costillas porque te iban a dar tos derechos? Eso de paso es coherente con valores socialmente excluyentes (discurso del ministro sobre el analfabetismo y la “alergia a los manteles largos” son de antología). De nuevo los puntos de las leyes bolivarianas aluden a la necesidad de integración social a gran escala. El diálogo de la secretaria en la que ella contesta que “el Licenciado está muy ocupado y no puede atenderlo” es excelente pues revela los valores internalizados entre gente que se cree con derecho a dejar a los demás por fuera solo porque logró un cargo (“la burocracia es para servirlo a usted y a todos…”). Esto mismo se ve en el diálogo, lleno de simbolismo de la muchacha que “escribe como si goteara” y que llegó recomendada, pero que no sabe cómo usar la máquina... Otra vez resalta en el diálogo, breve y poderoso, de la torta de sardinas (evasión del principio de la sumisión de los asuntos personales del funcionario a las necesidades del organismo, notable también en el caso de las chismosas). 

Nótese que el funcionario le dice que él, ahora jubilado, va a “vivir”. “Caminar”... Etc. La burocracia supone un gran costo espiritual, emocional y biológico en el funcionario, quien con frecuencia llega al final de su vida si nada más que una pensión para medio vivir, lo que fomenta la presión para abusar y enriquecerse a toda prisa (máxime si la sociedad no piensa en cómo enriquecerse legítima y legalmente, como México y Venezuela en ese momento, casi a las puertas de la gran corrupción de los años 70, y de la violencia estructural que los azota ahora). Esto es muy delicado cuando se tocan puntos clave como los de la atención médica, que resulta imposiblemente cara (los médicos hacen carrera atendiendo a la clase improductiva de hecho). Y se revela por la incapacidad de generar fondos de forma recursiva (caso de la carrera), lo que a su vez incrementa la presión social general para lograr la dependencia del estado reparte todo (en alguna “Traga Traga” que frecuentemente perjudica al país para beneficio de sus empleados, como la antigua DIEX o la vieja ENAHP). En cambio la clase parásita se dedica menospreciar a la gente para su exaltación (caso de la oferta a comer en la casa del director de personal con “enchiladas suizas” –porque hay que verse gringo a como dé lugar- que de seguro han hecho reír durante décadas a todo el mundo). La escena de la tumba del cartero es excelente por la carga ética concentrada que contiene, igual que el diálogo de las “grandes influencias” y su caída final. Como Cantinflas exalta a México, de plano no busca solucionar sus problemas emigrando, ni se va con el Ministro a Inglaterra. En cambio asume su caída con honor, toma la aguja y el hilo y supera dignamente las burlas del jovencito universitario que desdeña el trabajo manual.

Como párrafo de cierre voy a comentar brevemente el concepto de la burocracia. Es de hacer resaltar que está en principio es una forma avanzada de administración científica, diseñada en China clásica (los famosos eruditos confucianos fueron una muestra de esto por siglos) y que llegó a Europa de la mano de los navegantes. Supone un manejo racional de la información y un trabajo continuo y serio a favor de los objetivos organizacionales donde las personas son tratadas como instrumentos y siguen una racionalidad legal y científica como base de todo. El burócrata perfecto es siempre educado, amable y conocedor al dedillo de los procedimientos; además de aceptar sus errores y ser capaz de promover a los mejores sin envidias ni protagonismos. No es individualista, ni demasiado creativo. No debería sacrificar su vida por su trabajo o por una adicción (o un dolor muy grande como el sr. Rosalino) y si ser capaz de salir adelante con lo poco que haya (como en todo trabajo). Particularmente, no sacrifica la eficacia y la eficiencia por su lucro personal y por su disfrute egocéntrico. Esto en la pràctica implica un nivel de evolución interna que permita ser una buena persona durante años y años y por ende se vuelve sagrada la promoción del trabajador en base a sus logros y un buen plan de retiro al final para desasociarlo de prácticas malsanas.

REFERENCIAS DOCUMENTALES.




[i] En los contenidos de Mario Moreno abundan las enseñanzas de base espiritual discretamente travestidas de humorismo laico, lo que lo hace coherente con el grueso de la cultura de México, país a la vez anticlerical, pero de valores muy católicos.

[ii] Es decir no es un esclavo del reloj ni del horario, algo básico en la cultura hispana que ve la sumisión al tiempo exacto como un castigo (de hecho históricamente fue un uso de esclavos).

[iii] Que ratifican su lealtad a los valores de España como madre cultural.

[iv] Me consta que en los salones de Formulación y Evaluación de Proyectos, Proyecto Socio Integrador, y otras materias, el verdadero problema es hallar como los alumnos investiguen la sustanciación de los puntos que desean trabajar…

[v] Baruch Espinoza en su libro “Ética. Tratado Teológico Político”.

[vi] SPINOZA, Baruch. Libro físico: “Ética. Tratado Teológico Político”. ED. Porrúa. Ciudad de México. 1998.

[vii] BAPTISTA GUMUCIO, Mariano. “Latinoamericanos y Norteamericanos”

[viii] El personaje no solo acepta sus errores sino que regala sus buenas ideas a los demás que no son tan brillantes éticamente como él, como se ve después de la carrera al atribuirle a la hija del Ministro la idea de empujar el carro.

[ix] Hoy en día cientas de investigaciones están paradas simplemente porque los archivos están fuera del alcance del público. Nos comenta el profesor de Geopolítica que de hecho en muchos casos los archivos son desconocidos y no hay labor de organización de los restos históricos, lo que por ejemplo si se aplicara al TSJ, haría forzosa la invalidación de los actos por falta de sustanciación…

[x] O entre bomberos no nos pisamos la manguera…

[xi] Algo que sale a colación de inmediato es porque los liberales de América Latina parecen incapaces de caer en cuenta de la existencia de bienes culturales que les podrían ser útiles. La explicación es, que como el pintor del poema de Andrés Eloy Blanco, pintan su tierra con el pincel extranjero y por ende ni siquiera pueden pintar un ángel negro (una forma bellísima de llamar estúpido a alguien).

[xii] Esto lo analiza muy bien el analista peruano Hernando De Soto en sus libros “El Otro Sendero” y “El Misterio el Capital” donde expone como “la campana de cristal” mantiene a los ricos dentro de una situación artificial de protección que los hace ignorantes por entero de las necesidades de la clase más baja. No importa si es la clase media y alta en América Latina, si son los europeos frente a los musulmanes en Europa, los blancos WASP en EUA frente a los negros (y demás etnias) o los israelíes frente a Gaza; el detalle es que el quiebre del orden público se nota ahora claramente y está directamente vinculado con la cuestión clave de cómo la gente se ve por lo menos olvidada por la administración que cobra (“COMECOME”) pero es improductiva y exalta valores improductivos (el estudiante UNAM que parece un indigente, casi seguro estudiante de alguna rama de las humanidades por lo que sabemos de esa costosísima casa de estudios).

[xiii] Creo que ese presidente era Luis Echeverrìa, quien se hizo tristemente famoso por la Masacre de Tlatelolco en el año 1968, algo así como dos años después de publicada la película. 

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